sábado, 30 de marzo de 2013

Pablo Neruda


Pablo Neruda

Pablo Neruda es un poeta chileno galardonado con el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nobel de Literatura. También se desempeñó como diplomático y fue miembro activo del partido comunista, compromiso político que muchas veces se ve plasmado en sus obras. Ampliamente conocido por sus obras Veinte poemas de amor y una canción desesperada y sus Cien sonetos de amor, también es el autor de poemas tales como Ahora es CubaAlturas de Macchu PicchuLos enemigos y Si tú me olvidas, entre tantas otras.
POEMAS
  1. Sus poemas de amor 

Poema 1



Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, 
te pareces al mundo en tu actitud de entrega. 
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava 
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. 

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros 
y en mí la noche entraba su invasión poderosa. 
Para sobrevivirme te forjé como un arma,                               
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. 

Pero cae la hora de la venganza, y te amo. 
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. 
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! 
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste! 

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia. 
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso! 
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, 
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
  1. poemas al perdón


Quiero pedirte perdón 
por esta decepción 
de no poder amarte 
con todo mi corazón 
no puedo creer 
que aquel amor 
que me quisiste dar 
acabara con nuestra amistad 
de esa manera tan brutal 
Llegaste a mi pensamiento 
y un poco más que eso 
pero nunca tocaste                                          
adentro de mi pecho                                    
       ...  
Me duele decir 
que me quisiste 
pues desgraciadamente 
yo nunca lo hice... 
pero en mi recuerdo 
siempre serás 
aquella persona 
que me dio su amistad 
pero desgraciadamente 
trato de llegar a más.

  1. UN POEMA DEDICADO A LA MADRE

Te fuiste de mi lado. 
En silencio fue tu partida. 
Mi corazón se ha desangrado 
por tan súbita despedida. 

Tu espíritu luchador 
a la vida se aferraba. 
Más Dios, desesperado, 
a su lado te llamaba. 

En ángel te has convertido. 
Velando por nosotros estás.                                              
Aguardando que se cumpla la cita                                                  
de reunirnos en la eternidad. 

Sin embargo, me parece tan lejos... 
Quisiera ahora poderte abrazar. 
Te busco, te llamo. No te encuentro. 
Dime... ¿Cómo me he de consolar? 

Tu amor incalculable 
mis faltas por alto pasó. 
Porque el querer de una madre, 
ese, no tiene comparación. 

Sé que en el cielo habitas. 
Al lado de Dios has de estar. 

  1. La inspiración de Pablo Neruda en Dios
 Dondequiera que pongas tu mirada, 

dondequiera que fijes tu atención, 
dondequiera que un átomo subsista, 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En las formas diversas de las nubes, 
en los rayos dorados que da el sol, 
en el brillo que lanzan las estrellas, 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En los dulces balidos que en los prados                          
el rebaño da al silbo del pastor, 
en los trinos cambiantes de las aves. 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En la sangre que corre por tus venas, 
en la misma conciencia del tu YO, 
en los propios latidos de tu pecho, 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En la santa figura de la madre 
cuyo seno la vida te donó, 
en la franca sonrisa de una hermana, 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En las lindas pupilas de la joven 
que de amores prendió tu corazón,                                  
en la grata visión de un ser querido, 
ENCONTRARAS A DIOS. 

En las horas de sombra y amargura 
cuando a solas estés con tu dolor 
si le buscas en la sombría noche 
ENCONTRARAS A DIOS.


  1. Neruda y su melancolía

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo: 
cada mañana habré de reconstruirla. 
Desde que te alejaste, 
cuántos lugares se han tornado vanos 
y sin sentido, iguales 
a luces en el día. 
Tardes que fueron nicho de tu imagen, 
músicas en que siempre me aguardabas, 
palabras de aquel tiempo, 
yo tendré que quebrarlas con mis manos. 
¿En qué hondonada esconderé mi alma                                  
para que no vea tu ausencia 
que como un sol terrible, sin ocaso, 
brilla definitiva y despiadada? 
Tu ausencia me rodea 
como la cuerda a la garganta, 
el mar al que se hunde.

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